Tranquilos que no va a ser un post de dietética, era solo por empezar con una sonrisa.

Nuevamente, el proyecto que os voy a mostrar vuelve a ser algo pequeño, pero cargado de vitaminas…bueno, bueno, ya paro con lo de la fruta.

Como habréis adivinado, lo que sale de dentro del tronco esta vez, es un sencillo artilugio para exponer la fruta. Ya pasó el tiempo de amontonar sin orden a los sufridos hijos de los árboles, ha llegado la hora de que luzcan elegantes.

Bromas aparte, este ha sido el resultado de una colaboración muy especial. Mi ex-jefe de tiempos de estudiante, y sin embargo amigo, Joaquín Montero, me propuso colaborar con él para desarrollar un objeto que tenía en mente. Como buen arquitecto, uno de los mejores de su generación en mi opinión, ya tenía claro lo que quería, y me lo trajo dibujado en un par de folios.

La idea sobre la que nos pusimos a trabajar, era sencilla pero espectacular…la fruta se alineará en vez de amontonarse en un recipiente.

Con esa premisa, se formó este frutero, compuesto por dos partes que se une, de forma simétrica. Son dos piezas longitudinales de madera, que van soportadas por unas pletinas perpendiculares. Esas pletinas, tienen una sencilla ranura, que encaja con la simétrica de la pieza contigua, en una unión en aspa. Eso forma unos soportes en V, que mantienen las piezas largas, formando un estilizado conjunto sobre el que se pueden alinear las frutas de diferentes tamaños. Al estar muy cercanas ambas barras, puedes colocar desde pequeñas frutas de 3-4 cm de diámetro, hasta piñas o mangos de gran dimensión.

El diseño definitivo, se fué modificando con las pruebas que hice en cerezo.

Es curioso como la misma pieza (un larguero con dos soportes), puede formar dos fruteros diferentes, según lo unas en un sentido u otro. Puedes dejar la parte plana de las patas hacia el exterior (como hicimos en un principio), o bien hacia el interior (como quedó en el ultimo prototipo).

Una parte curiosa del diseño, que fué mi pequeña aportación al conjunto además de la fabricación, fué la geometría cambiante de la sección de las barras.

En su parte central, son rectangulares por la unión con la pata (para poder ejecutarla con precisión), y más o menos elíptica en la zona que toca la fruta.

Esa sección, va cambiando desde el centro hacia los extremos, convirtiéndose en una pequeña elipse en las puntas. Esto, que parece una perogrullada, hace que la visión lateral del frutero sea muy curiosa. La barra longitudinal, se mantiene horizontal por su parte baja, pero al ir convirtiéndose en la elipse, hace que se estilice muchísimo.

Lo que es en principio un concepto muy simple, no es algo tan sencillo de ejecutar manualmente…pero bueno…temblad los amigos del control numérico, que allá vamos….

La fabricación del frutero evidentemente empieza en dos piezas de sección rectangular, de 15×35 mm. Yo tenía ya dibujadas las dos secciones que tenemos que guardar, que son la central y la de los extremos. La pieza larga es simétrica, y tiene la primera sección entre las dos patas, y de ahí va disminuyendo hacia ambos extremos.

Cuando tienes la sección rectangular, ya puedes hacer el ensamble en cola de milano de los extremos de los soportes. La precisión es importante porque cualquier desviación milimétrica, hará que cuando juntes las dos piezas finales, el frutero no tenga un buen apoyo.

Una vez pre-ensambladas las “patas”, las desmontamos y vamos trabajando sobre los “largueros”.

Un primer paso es hacer la sección grande, la central, que realizamos igual en toda la longitud de las dos barras. Para ello, y por simplificar el trabajo, he pegado unas fotocopias de los dibujos en ambos extremos de las barras.

A partir de ahí, he marcado con el gramil,  las lineas límite que no tenemos que traspasar en el proceso de cepillado. Siempre convienen ser prudente y no ir exactamente al extremo, sino quedarte un poco más atrás y luego ajustar.

Es un trabajo de paciencia y buena letra,como decía mi padre…. Vas quitando poco a poco sección, hasta que consigues dejar un óvalo continuo, con una esquina a 90º.

Una vez hecho esto, tienes dos barras largas de la misma sección, que forman un frutero de piezas paralelas.

Pero lo que hace especial aún más especial a esta pieza, y la convierte casi en una escultura, es el cambio de sección. Al pasar de la primera elipse a la segunda, y estar en diferente situación (una en el centro de la pieza  y otra abajo en las puntas), el frutero se estiliza y se inclina por los extremos, como si fuera una especie de katana japonesa.

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Después de muchas idas y venidas con el cepillo y la cuchilla de ebanista, el resultado es una pieza pulida y brillante, que brilla bajo los colores de las frutas.

Os dejo una galería de imágenes del resultado final del frutero para que las disfrutéis

Estoy preparando nuevos fruteros con diferentes secciones, en variaciones sobre la primera idea, que pronto os enseñaré.

Y no os olvidéis, tres piezas de fruta al día, para energetizarse, je, je…

 

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